Nuevamente nuestra maca hace noticia por Holanda. En un diario especializado sobre productos naturales, destacan las bondades de esta raíz andina. Cuentan cómo los incas dieron la maca a los caballos y soldados españoles que estaban cansados y estos se repusieron muy rápidamente. Desde entonces la maca es considerada un aliado en la generación de energía, mejor performance en los deportes y también ayuda en el líbido.
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viernes, 27 de febrero de 2009
miércoles, 17 de septiembre de 2008
Amigos, hermanos y hermanas
sábado, 6 de septiembre de 2008
¡Ay Lima como has cambiado y su gente también!
Mis disculpas por el largo silencio en este blog. Lo que pasa es que nos fuimos al Perú y como la vida allá es tan rápida, no deja tiempo para sentarse a escribir, sino uno tiene que correr para alcanzar el día. Han sido realmente unas vacaciones inolvidables, cuánta gente, cuánto cariño, cuánto he movido la boca para conversar. Si pudiera contar mis palabras, creo que llegué al infinito, al número jamás pensado. Así me siento. Millonaria en palabras, expresiones, además de todo lo vivido y visto. Lima está cambiando, pero da miedo este cambio.
A ver lo primero de lo primero. Lima desde el aire se ve gris, más pobre y abandonada, al menos la parte en que se ve desde el avión. Los pocos campos de cultivo, que rodean el aeropuerto, en junio ni siquiera tienen el color de la tierra, están grises, pero eso no importa para los turistas (en mi avión venían chinos como miércoles, también españoles que ni sabían que se venían en invierno y venían ligeros de ropa, según ellos para gozar de la playa ¿?). Muchos del lado en que yo viajaba intentaban las fotos más estrafalarias de las que he sido testigo en mi vida.
Nuestro aeropuerto es chiquito y acogedor, pero le faltan más señales, los viajeros dudan en seguir la línea o desviarse cuando están de tránsito. Lo bueno de todo es que si te ven con niños inmediatamente te llevan a otra cola y así te ahorran la larga espera. Esa fue nuestra suerte, al menos ganamos algo de tiempo, que lo perdimos al esperar la llegada de las maletas, las cuales dicho de paso, estaban gordas de tanto queso holandés, chocolates, regalos y juguetes de mi hija.
El cambio de horario jugó sus malas pasadas, puesto que como dice mi hermano, sólo me llevó 6 horas en llegar a Lima, claro uno deja a las 10 am Amsterdam y llega a Lima a las 4 de la tarde del mismo día, pero hay que tener en cuenta que existe una diferencia de 7 horas y eso te lo cobra el cuerpo de a poquitos, sin que te des cuenta. Así que mientras en Lima todo es diversión yo sentía que los ojos se me iban para atrás y hacía, de seguro, alguna mueca como en el Exorcista, porque mis amigas me decían “oye mejor descansa, no?”.
En cambio para los niños todo es como un juego. Tienen una facilidad para adaptarse, que da envidia. Ven la noche y cierran sus ojitos. En esta oportunidad me duró 4 días volver a un horario normal, sin desvelarme por los ronquidos que hacía mi estómago exigiendo comer algo a las 3 de la madrugada. Pienso que ya son los años que me están cobrando la factura de los maltratos al cuerpo y las largas jornadas de boleto que uno asume con un lujo y desparpajo, cuando tiene 20 y 30.
Bueno, siguiendo con los cambios que observé en Lima, quiero destacar los edificios. Jesús María creo que ha sido uno de los distritos con mayor número de solicitudes de estas moles y hasta que por fin cayeron en mi cuadra. Lo que fue antes una casona de cemento, ocupada por una empresa minera y antes por una familia de nombre con cuna, fue tirada abajo en dos días, según me contaron los vecinos en su afán de ponerme al día. Ahora se elevará allí un edificio de 15 pisos, con depas que no dejan ingresar a un cama King en el cuarto principal y si uno logra ponerla, ya no hay espacio para ningún mueble y tampoco para salir, hay que saltar hacia la puerta. Cuando llegué, la construcción estaba en el segundo piso, cuando nos fuimos iban por el sexto. A ese ritmo, estará listo para fin de año, pero el folleto dice que la entrega es en marzo del 2009.
También en este corto tiempo pude retomar los sabores limeños, la causa con atún, nuestra papa amarilla flotando en un caldito para aliviar los malestares estomacales, un buen tacu tacu con su sábana de pescado frito más, los sanguches de Gastón, las delicias de la pastelería D’Silvana, los lonchecitos en el geriátrico de la Panadería San Antonio o en el Vladi. Le entré a todo y unos días antes de partir, la naturaleza hizo de la suyas. Ahora ando cocinando sopitas para que mi estómago se reponga.
Claro faltaron más huecos por conocer y volver, pero eso ya lo tengo apuntado en mi agenda para la siguiente visita.
De la gente. ¿Qué puedo decir sin olvidarme de la felicidad que me da la familia y los amigos de la vida? Pues que quisiera meterlos a todos en la maleta y traerlos para que compartan conmigo un poco de la rutinaria vida en Europa. Aquí nadie te cae así nada más, todo es previa cita. En cambio en Lima, un fonazo y se prepara una buena taza de café, unos pancitos calientes de la panadería de la esquina con su jamón y queso y listo. Esto es lo que extraño: compartir los momentos, una tarde también con cielo gris, una mañana del sábado para ir al mercado y comprar tu pollo fresco, todavía tibio después de haberle dado el golpe de gracia. Ni siquiera esto lo puedes ver por aquí, el pollo viene congelado por partes. Y ni hablar si es fresco, posiblemente lleva frío una semana.
Si pues los amigos, dirán. Cuando pienso en la gente de mi promoción de la UNMSM, suspiro. Han pasado dos décadas y nos vamos a una tercera, brrr que me da escalosfríos pensar cuánto tiempo y cuántas vivencias. A todos ellos no los pude ver, tampoco a mi profe querido a MJO, es decir a Manuel Jesús Orbegoso, de quien guardo muchos recuerdos y prácticas recomendaciones.
Ni qué decir de mis tías las Paquitas, es que viven tan lejos que visitarlas es como irme de un extremo de Holanda al otro. Pero conversamos por teléfono y soy testigo de sus avances con la tecnología, ya usan Internet y hasta tienen correo. Eso me ha dado mucha alegría porque leerán este artículo y sonreirán cuando vean que las menciono.
Pero así como mucha gente vino a la casa, me llamó o al menos tuvo la intención de hacerlo, tuve decepciones o creo que recree sobre la importancia que podría significar “mi visita” a Lima, porque en el fondo tenía la esperanza de poder compartir, conversar y contar todo eso que no se puede decir a través de las palabras, sino que sale allí en medio de una taza de café y un kekito. Me dolió. Me sentí defraudada, rezagada en los corazones de estas personas, que claro con justa razón tienen que hacer sus vidas y deben trabajar, porque parte de nuestra existencia la pasamos trabajando, soportando horarios, asumiendo errores de otros o a veces cometiéndolos. Si pues, ni modo, me tragué ese sabor amargo de la decepción, quizás como he dicho, alimentada por un recuerdo de los años pasados, cuando eramos más libres y no había parejas, ni hijos, solo estudio y un trabajo mucho más fácil que ahora. Ya pasará y he aprendido la lección para la próxima vez.
A ver lo primero de lo primero. Lima desde el aire se ve gris, más pobre y abandonada, al menos la parte en que se ve desde el avión. Los pocos campos de cultivo, que rodean el aeropuerto, en junio ni siquiera tienen el color de la tierra, están grises, pero eso no importa para los turistas (en mi avión venían chinos como miércoles, también españoles que ni sabían que se venían en invierno y venían ligeros de ropa, según ellos para gozar de la playa ¿?). Muchos del lado en que yo viajaba intentaban las fotos más estrafalarias de las que he sido testigo en mi vida.
Nuestro aeropuerto es chiquito y acogedor, pero le faltan más señales, los viajeros dudan en seguir la línea o desviarse cuando están de tránsito. Lo bueno de todo es que si te ven con niños inmediatamente te llevan a otra cola y así te ahorran la larga espera. Esa fue nuestra suerte, al menos ganamos algo de tiempo, que lo perdimos al esperar la llegada de las maletas, las cuales dicho de paso, estaban gordas de tanto queso holandés, chocolates, regalos y juguetes de mi hija.
El cambio de horario jugó sus malas pasadas, puesto que como dice mi hermano, sólo me llevó 6 horas en llegar a Lima, claro uno deja a las 10 am Amsterdam y llega a Lima a las 4 de la tarde del mismo día, pero hay que tener en cuenta que existe una diferencia de 7 horas y eso te lo cobra el cuerpo de a poquitos, sin que te des cuenta. Así que mientras en Lima todo es diversión yo sentía que los ojos se me iban para atrás y hacía, de seguro, alguna mueca como en el Exorcista, porque mis amigas me decían “oye mejor descansa, no?”.
En cambio para los niños todo es como un juego. Tienen una facilidad para adaptarse, que da envidia. Ven la noche y cierran sus ojitos. En esta oportunidad me duró 4 días volver a un horario normal, sin desvelarme por los ronquidos que hacía mi estómago exigiendo comer algo a las 3 de la madrugada. Pienso que ya son los años que me están cobrando la factura de los maltratos al cuerpo y las largas jornadas de boleto que uno asume con un lujo y desparpajo, cuando tiene 20 y 30.
Bueno, siguiendo con los cambios que observé en Lima, quiero destacar los edificios. Jesús María creo que ha sido uno de los distritos con mayor número de solicitudes de estas moles y hasta que por fin cayeron en mi cuadra. Lo que fue antes una casona de cemento, ocupada por una empresa minera y antes por una familia de nombre con cuna, fue tirada abajo en dos días, según me contaron los vecinos en su afán de ponerme al día. Ahora se elevará allí un edificio de 15 pisos, con depas que no dejan ingresar a un cama King en el cuarto principal y si uno logra ponerla, ya no hay espacio para ningún mueble y tampoco para salir, hay que saltar hacia la puerta. Cuando llegué, la construcción estaba en el segundo piso, cuando nos fuimos iban por el sexto. A ese ritmo, estará listo para fin de año, pero el folleto dice que la entrega es en marzo del 2009.
También en este corto tiempo pude retomar los sabores limeños, la causa con atún, nuestra papa amarilla flotando en un caldito para aliviar los malestares estomacales, un buen tacu tacu con su sábana de pescado frito más, los sanguches de Gastón, las delicias de la pastelería D’Silvana, los lonchecitos en el geriátrico de la Panadería San Antonio o en el Vladi. Le entré a todo y unos días antes de partir, la naturaleza hizo de la suyas. Ahora ando cocinando sopitas para que mi estómago se reponga.
Claro faltaron más huecos por conocer y volver, pero eso ya lo tengo apuntado en mi agenda para la siguiente visita.
De la gente. ¿Qué puedo decir sin olvidarme de la felicidad que me da la familia y los amigos de la vida? Pues que quisiera meterlos a todos en la maleta y traerlos para que compartan conmigo un poco de la rutinaria vida en Europa. Aquí nadie te cae así nada más, todo es previa cita. En cambio en Lima, un fonazo y se prepara una buena taza de café, unos pancitos calientes de la panadería de la esquina con su jamón y queso y listo. Esto es lo que extraño: compartir los momentos, una tarde también con cielo gris, una mañana del sábado para ir al mercado y comprar tu pollo fresco, todavía tibio después de haberle dado el golpe de gracia. Ni siquiera esto lo puedes ver por aquí, el pollo viene congelado por partes. Y ni hablar si es fresco, posiblemente lleva frío una semana.
Si pues los amigos, dirán. Cuando pienso en la gente de mi promoción de la UNMSM, suspiro. Han pasado dos décadas y nos vamos a una tercera, brrr que me da escalosfríos pensar cuánto tiempo y cuántas vivencias. A todos ellos no los pude ver, tampoco a mi profe querido a MJO, es decir a Manuel Jesús Orbegoso, de quien guardo muchos recuerdos y prácticas recomendaciones.
Ni qué decir de mis tías las Paquitas, es que viven tan lejos que visitarlas es como irme de un extremo de Holanda al otro. Pero conversamos por teléfono y soy testigo de sus avances con la tecnología, ya usan Internet y hasta tienen correo. Eso me ha dado mucha alegría porque leerán este artículo y sonreirán cuando vean que las menciono.
Pero así como mucha gente vino a la casa, me llamó o al menos tuvo la intención de hacerlo, tuve decepciones o creo que recree sobre la importancia que podría significar “mi visita” a Lima, porque en el fondo tenía la esperanza de poder compartir, conversar y contar todo eso que no se puede decir a través de las palabras, sino que sale allí en medio de una taza de café y un kekito. Me dolió. Me sentí defraudada, rezagada en los corazones de estas personas, que claro con justa razón tienen que hacer sus vidas y deben trabajar, porque parte de nuestra existencia la pasamos trabajando, soportando horarios, asumiendo errores de otros o a veces cometiéndolos. Si pues, ni modo, me tragué ese sabor amargo de la decepción, quizás como he dicho, alimentada por un recuerdo de los años pasados, cuando eramos más libres y no había parejas, ni hijos, solo estudio y un trabajo mucho más fácil que ahora. Ya pasará y he aprendido la lección para la próxima vez.
sábado, 17 de noviembre de 2007
Cosas de la Tercera Edad
Lo que leí en el diario la Gazeta de Antwerpen (Bélgica) despertó nuevamente en mí el deseo de regresar al Perú para pasar mi vejez.
La organización Preventie en Veiligheid (Prevención y Seguridad) ha difundido que las cifras de los rateros en las tiendas se ha incrementado. Claro esta no es ninguna noticia nueva, en todos los países suceden robos, pero lo alarmante es que se trata de viejitos, sí de personas que tienen 60 años y más. La P&V realizó una investigación en 662 puntos de ventas en el 2006 y encontró que habían sido robados nada menos que 53,000 productos. ¿Cuáles fueron los favoritos? Pues perfumes, artículos para el baño, alimentos y alcohol. La tendencia fue de 3.61 artículos por un valor de 39.08 euros por ladrón.
Con esta investigación no sólo han crecido las cifras sino la preocupación, en general, del por qué personas de 60 a más años se dedican a robar. Se tiene que entre los 60 a 69 años entre el 2002 al 2006 el número de ladrones fue de 2,138, para el 2006 ha sido de 3,659, lo cual representa un 71.1% de aumento. Lo mismo sucede con las cabecitas blancas que superan los 70 años en el 2006 se tuvo 1,982 y para el el 2006 fueron 3,033, lo cual significó un incremento de 53%. Las cifras dicen claramente que algo está pasando con las personas de la tercera edad.
Para los psiquiatras el comportamiento de los viejitos (tendencia a llevarse las cosas sin pagar, entonces robar) se debe a disfunciones en sus cerebros. Para los geriatras puede tratarse de un comienzo de demencia y por lo tanto no saben que están robando. Pero junto a todo esto, también está el hecho de que ahora los ancianos salen con mayor frecuencia y por ello el robo también ha crecido, puesto que miran y comparan productos novedosos que, por el precio, no pueden comprar.
El informe también indica que esta no es una novedad en Bélgica, puesto que en Japón es uno de 10 de los ladrones mayor de 65 años. En Holanda el incremento ha sido del 50% (en 10 años) y los viejitos están en todas las modalidades: tráfico de drogas, homicidio y otros. En Alemania se cuenta con cárceles especiales para los viejitos, pero esto es demasiado dicen los geriatras, puesto para una gran mayoría -debido a su edad – no tienen nada que perder.
Pero para los “extranjeros” (mi caso) cuya observación es modesta, este mal hábito de los viejitos se podría deber a que quieren llamar la atención de su propia familia, que a veces “pensando en su bienestar” prefieren dejarlos en los bien acomodados asilos y visitarlos de vez en cuando o nunca y que vivan allí con los de su edad. Por supuesto, los viejitos ni cortos hacen de la suyas y ya tenemos los resultados. Creo que la familia debe ser siempre una familia con abuelos y todo. Pero para algunos europeos representa una forma distinta de vida familiar. Están muy acostumbrados a su independencia, a sus agendas y no a atender.
La organización Preventie en Veiligheid (Prevención y Seguridad) ha difundido que las cifras de los rateros en las tiendas se ha incrementado. Claro esta no es ninguna noticia nueva, en todos los países suceden robos, pero lo alarmante es que se trata de viejitos, sí de personas que tienen 60 años y más. La P&V realizó una investigación en 662 puntos de ventas en el 2006 y encontró que habían sido robados nada menos que 53,000 productos. ¿Cuáles fueron los favoritos? Pues perfumes, artículos para el baño, alimentos y alcohol. La tendencia fue de 3.61 artículos por un valor de 39.08 euros por ladrón.
Con esta investigación no sólo han crecido las cifras sino la preocupación, en general, del por qué personas de 60 a más años se dedican a robar. Se tiene que entre los 60 a 69 años entre el 2002 al 2006 el número de ladrones fue de 2,138, para el 2006 ha sido de 3,659, lo cual representa un 71.1% de aumento. Lo mismo sucede con las cabecitas blancas que superan los 70 años en el 2006 se tuvo 1,982 y para el el 2006 fueron 3,033, lo cual significó un incremento de 53%. Las cifras dicen claramente que algo está pasando con las personas de la tercera edad.
Para los psiquiatras el comportamiento de los viejitos (tendencia a llevarse las cosas sin pagar, entonces robar) se debe a disfunciones en sus cerebros. Para los geriatras puede tratarse de un comienzo de demencia y por lo tanto no saben que están robando. Pero junto a todo esto, también está el hecho de que ahora los ancianos salen con mayor frecuencia y por ello el robo también ha crecido, puesto que miran y comparan productos novedosos que, por el precio, no pueden comprar.
El informe también indica que esta no es una novedad en Bélgica, puesto que en Japón es uno de 10 de los ladrones mayor de 65 años. En Holanda el incremento ha sido del 50% (en 10 años) y los viejitos están en todas las modalidades: tráfico de drogas, homicidio y otros. En Alemania se cuenta con cárceles especiales para los viejitos, pero esto es demasiado dicen los geriatras, puesto para una gran mayoría -debido a su edad – no tienen nada que perder.
Pero para los “extranjeros” (mi caso) cuya observación es modesta, este mal hábito de los viejitos se podría deber a que quieren llamar la atención de su propia familia, que a veces “pensando en su bienestar” prefieren dejarlos en los bien acomodados asilos y visitarlos de vez en cuando o nunca y que vivan allí con los de su edad. Por supuesto, los viejitos ni cortos hacen de la suyas y ya tenemos los resultados. Creo que la familia debe ser siempre una familia con abuelos y todo. Pero para algunos europeos representa una forma distinta de vida familiar. Están muy acostumbrados a su independencia, a sus agendas y no a atender.
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